Desde la década del 70, en donde Bobby Fischer y Boris Spasski disputaron el famoso «Encuentro del Siglo» jugando ajedrez, este deporte

Más allá de la gran llegada que tuvo: fue vista en más de 62 millones de hogares y estuve entre las diez series más vistas

en 92 países. Su efecto ha ido más allá:

  1. Las ventas de tableros de ajedrez a nivel mundial subieron un 1,048% en las últimas semanas.
  2. La Federación Internacional de Ajedrez, donde solo el 16% de su comunidad son mujeres,

    indicó que ha inscrito a más mujeres en las últimas semanas tras el lanzamiento de la serie, que en los últimos 5 años juntos.
  3. La novela original de 1983, en la que está inspirada la serie, volvió al top de ventas en Nueva York, 37 años después.
  4. La búsqueda en Google: «cómo jugar ajedrez», logró un récord que no se había visto en 9 años en ese campo.
  5. Los usuarios de Chess.com aumentaron en un 400%.
  6. Las búsquedas en EBay y Amazon de tableros de ajedrez subieron un 250%.
  7. Los tutoriales en YouTube para aprender a jugar ajedrez y las partidas históricas, alcanzaron millones de reproducciones en las últimas semanas.

A esta manera de influir en la población a través de una serie, se le ha llamado el efecto Netflix. Sin embargo, más allá de ser un dato curioso,

el potencial que tiene esta plataforma (y otras también de streaming) es sorprendente por su poder ya que puede incentivar a la población a caer en una serie de acciones

potencialmente riesgosas.

 

Por ejemplo, si una serie incentivara la xenofobia podría generar que algunos brotes de odio hacia extranjeros. La pregunta del millón, ¿reside alguna responsabilidad

en quienes disponen de la serie? 

 

Ahora hablamos que gracias a una serie, el deporte ciencia se ha popularizado, pero si tratamos de acciones negativas ¿quién sería el responsable?

 

Vivimos en un mundo donde todo parece nuevo y es interesante repensar y cuestionar cuáles son los efectos que va a tener a futuro.

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