Juan Miguel Marthans. Editor y director en la Escuela de Edición de Lima

¿Se podría pensar, por muchos factores, que los ebooks son una amenaza al libro físico?

Es un debate que lleva mucho tiempo y que ha perdido la vehemencia que se dio en un inicio. En los últimos años se aceleró la aceptación global del libro electrónico y se ha visto que el libro físico no ha sido amenazado. Debemos ser conscientes que se trata de productos diferentes que ofrecen experiencias y placeres distintos. Ahora el mercado exige productos editoriales más versátiles, que lleguen a los usuarios con mayor rapidez y que dinamicen y faciliten la interacción con los lectores.

¿Qué habilidades o conocimientos crees que deba tener un editor actual frente al de décadas atrás?

A lo largo de la historia han sido los cambios tecnológicos a los que los editores hemos tenido que aprender a adaptarnos. Y en las últimas décadas la velocidad que la tecnología ha marcado es mucho mayor a otros tiempos. Y la aceleración se sigue incrementando. Pero más importante que la adaptación y el aprendizaje frente a estas nuevas tecnologías, es el aprender a leer los cambios que se generan: nuevos mercados, mayor velocidad de rotación de títulos, un incremento inimaginable de títulos en el mercado, etc. Se ha facilitado significativamente “elaborar” un producto editorial, y eso ha conllevado a que los productos de calidad convivan con material que no hubieran existido jamás en otros tiempos.

¿Cuáles consideras que son que son las soft skills que debe tener un editor?

Todas las habilidades que existan son necesarias. En el mundo de las publicaciones uno se encuentra con diferentes tipos de editores según la parte del proceso en que se esté. Y así como hay editores que se encargan de socializar a fin de captar nuevas oportunidades de negocio dentro del catálogo, hay otros que están imbuidos en el texto realizando un trabajo solitario. Por otro lado, cada línea editorial podría exigir sus propias habilidades. Es evidente que un editor académico debe tener diferentes talentos y se enfrenta a situaciones diferentes que un editor de poesía, o un editor infantil. Es un trabajo lleno de contrapuntos y exige trabajar en equipo constantemente, tener capacidad de comunicación efectiva a fin de evitar errores en el proceso, ser maniático con los detalles pues el error ronda constantemente y siempre tener ganas de aprender de diversos temas, pues no siempre los contenidos serán similares.

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